Publicado el 3 de mayo de 2010

Economías Con Sentido

Moon Cup: la copa menstrual por Morella Contreras Ruvinskis

Han pasado casí ya 100 años desde que Lenora Chalmers hizo mención de la copa menstrual en su libro “El lado íntimo de la vida de una mujer.” Ya desde 1867 existían modelos de esta apuesta tecnológica alternativa para que las mujeres viviéramos los días de nuestra menstruación. Han pasado más de 100 años, y casi ninguna de nosotras ha escuchado hablar ni de Lenora, ni hemos tenido acercamiento alguno a la copa menstrual que desde entonces se ha modificado y cuyo uso ha ido en aumento en los últimos años. A quien si conocemos es a Kotex, a Donnasept, y a Always que han sido la forma masiva de recibir nuestro flujo menstrual de toda una vida, pero que nunca han representado ninguna alternativa y más bien continúan atentando contra la salud y el bienestar de nosotras las mujeres y del planeta.

La copa menstrual ha pasado por muchas versiones, pero las más actuales están hechas de silicona hipoalergénica y goma. Su forma es de campana y se introduce intravaginalmente durante la menstruación lo que permite que está recoja el flujo menstrual, a diferencia de las toallas y tampones que lo absorben. La ventajas de la copa son múltiples: es cómoda, no tiene cloro ni pesticidas, es reutilizable y de larga duración. Para las empresas de toallas higiénicas y tampones, la copa menstrual es una amenaza que atenta contra sus exorbitantes ganancias, ya que la mujer que elige la copa menstrual es una baja de su clientela por hasta 10 años (duración de la copa).

Las mujeres que optamos por la copa menstrual, no solamente experimentamos las ventajas ya antes mencionadas, sino que también comenzamos un proceso de vivir nuestra menstruación de manera muy distinta a la que nos han enseñado y a transformar mensajes que hemos recibido a lo largo de nuestras vidas. Uno de los cambios más importantes es la capacidad de ver y vivir nuestro cuerpo y sus procesos de manera distinta y por nosotras mismas. Con la copa menstrual se inicia un dialogo con el cuerpo que con los métodos alternativos es difícil de lograr pues el mensaje que traen consigo es que hay algo “sucio” que requiere “un paño o toalla higiénica” y que además cuyo fin termina siendo un vertedero de basura en algún lugar de nuestras comunidades. Este ritual normal es una forma de lidiar con los “olores” de los cuales nos advierten debemos ser cautelosas para “cuidar nuestra imagen de mujer,” y los cuales al utilizar la copa menstrual, se vuelve evidente que provienen de los químicos y pesticidas que se utilizan en la fabricación de estos productos.

Con la copa una aprende a conocer lo que su cuerpo lleva por dentro y a darse cuenta de que la sangre es un tejido vivo por lo que su consistencia no es la misma en la mañana que en la noche, ni tampoco de un ciclo a otro. El verla, medirla, sentirla, permite vincular nuestra energía y nuestras emociones a nuestros procesos físicos permitiendo así tomar conciencia y percatarse de que por ejemplo el “mítico” síndrome premenstrual es reversible, que no necesariamente ha venido para quedarse y por consecuencia profundizar aquellas situaciones que muchas veces nos afectan y violentan, pero cuya responsabilidad no es del cuerpo, sino de nosotras mismas y/o el entorno. Es una herramienta para la acción. Asimismo, se puede llevar un registro de la cantidad exacta de flujo menstrual, se pueden apreciar sus tonalidades y diversas consistencias, y finalmente se puede evitar que una parte de nosotras termine en un vertedero, sino que más bien de vuelta en la tierra cercana o debajo de algún hermoso árbol o flor de nuestro jardín o donde cada una de nosotras lo determine.

Puede obtener más información sobre este producto contactando a Morella Contreras Ruvinskis mail: mammalia974@gmail.com fonos: 32-2111850, 7-9389517.

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