Publicado el 16 de marzo de 2009

Editorial/ Noviembre 2007

Una mujer que ha perdido gran parte de sus bienes y que ve su pueblo en el suelo, luego del sismo en el Norte de Chile, reflexiona en televisión sobre una realidad tan clara, que en general no se puede ver a simple vista: la región del país que más aporta a la economía a través de la explotación de minerales es pobre, no tiene recursos.

A través del desastre natural se destapan estos hechos y la mujer que reflexionó tan profundamente sobre la inequidad económica chilena, tendrá que ver cómo se demoran meses y años en levantar nuevamente su casa, su vida, su historia.

Así como ocurrió hace más de dos años ya con Tarapacá que, también sacudida por un terremoto, aún espera la reconstrucción y todos los recursos que en algún momento se prometieron y que no lograron verse materializados.

Los desastres logran mostrar la piel del país, bajo todos los adornos y ropajes de las grandes cifras de desarrollo económico, porque nos muestran vulnerables y desnudan la vida cotidiana de las personas, el devenir de personas que, frente a todo el país, claman por agua y comida, mientras el mineral que se extrae de su suelo se transa en las bolsas de metales de todo el mundo.

La riqueza del suelo se vende a excelente precio, pero eso no lo alcanza a vivir una mujer nortina, con antepasados indígenas que habla frente a una cámara de televisión, mientras lucha por conseguir agua y comida en un pueblo devastado y olvidado.

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