Angélica Rosas Vieille, educadora con una vasta trayectoria en comunicación, actualmente encargada de formación e investigación de ALER (Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica), reflexionó sobre la importancia de la educación popular hoy, el aporte que puede entregar al movimiento de mujeres y cómo el aprendizaje debe ser un espacio horizontal y reflexivo.
Luego del taller que realizó junto al equipo de Fondo Alquimia y organizaciones de mujeres y feministas chilenas, reflexionó sobre lo tratado en el taller y los temas que surgieron de este encuentro.
¿Por qué es importante trabajar con metodologías de educación popular?
En primer lugar, porque la educación popular reconoce como principio que el conocer se hace a partir del otro, de los otros, mediatizados de aprendizajes por el mundo y los contextos.
Lo segundo es que las formas de enseñanza y de aprendizaje son tan importantes como los contenidos que se trabajan o se tratan.
También, a través de su metodología participativa, pretende hacer notar que no existe una sola verdad de las cosas, sino que cada persona puede aportar para que las verdades sean construidas entre todos.
Una metodología entonces que reconoce que los conocimientos se adquieren en el diálogo, entre iguales, y no entre uno que sabe y un otro ignorante.
¿Cuál crees que es el desafío de la educación popular hoy, pensando que han cambiado los contextos?
Si miramos lo que sucede hoy en la educación formal, nos damos cuenta que la forma es absolutamente contraria a lo que entendemos por educación popular, aunque puede que existan experiencias diferentes. Sin embargo, el proceso es igual de enmarcado en las formas tradicionales, en la subordinación de quienes aprenden, en la mirada de educación que subyace de fondo.
Porque se mantiene la idea del hacer tomar conciencia de las cosas, porque así se estipula en los libros, y no se mira lo que los jóvenes viven cotidianamente, ese proceso diario se deja de lado, no sirve para interpretar los principios, los valores o los contenidos que se aprenden.
Quizás una cosa interesante es pensar que la educación popular es difícil en la escuela, creo que se desnaturaliza, porque entra en una dinámica contraria a su propuesta. Lo que sí creo es que la escuela tiene que comenzar por validar el aprendizaje de los otros espacios, la calle, la esquina, el barrio. Si lograra desarrollar una propuesta así, podría verdaderamente contribuir a la educación de todos, no solo del o la que asiste a la escuela, sino del entorno.
Pero si cierra sus puertas y sus estrategias y avanza de espaldas al barrio y a la cotidianeidad de las chicas y chicos, seguro que fracasará en la mayoría de sus nobles intentos.
De la Isla a la mitad del mundo
Durante 15 años, Angélica Rosas recorrió Chiloé y Palena como encargada del Servicio de Comunicaciones de Radio Estrella del Mar, fundación donde creó e implementó junto a su equipo, nuevas formas de ver la comunicación y de contribuir al desarrollo de ese territorio. Y a pesar de que en su camino (que hoy se ha encaminado hacia Quito, Ecuador) se ha encontrado con muchas organizaciones, quisimos saber cómo relaciona hoy la educación y la comunicación con las organizaciones feministas.
¿Cómo cree que estas metodologías o formas de entender el proceso de la educación, pueden aportar al movimiento de mujeres?
De muchas y bonitas maneras, porque la educación popular sí está pensada para trabajar con las organizaciones que en su estructura no tienen la rigidez de la escuela. Su aporte es necesario para el diálogo, para el interaprendizaje, para descubrir que lo que les sucede, es también un tema de muchas. Además, la forma de tratar los conocimientos permite aumentarlos, enriquecerlos, etc.
Este diálogo que propone la educación popular además fortalece la identidad, promueve el protagonismo de las mujeres, para empoderarse y empoderar a otras en el desafío de la expresión y de decir el mundo desde sus propias narrativas.
¿Y qué aprendiste tú de este taller?
Es difícil decir lo que verdaderamente aprendí, para no caer en generalidades, porque todos los talleres traen sus aprendizajes, como te decía, es imposible salir de un taller sin haber visto que algo cambia en ti.
Creo que un aprendizaje fuerte es haberme sorprendido con las propuestas de las mujeres, que dicen que otra forma de vida es posible, que puedes enfrentar este modelo que nos aplasta, de manera inteligente y creativa, y, por otra parte, convencerse de este desafío, viviéndolo.
El haberme dado cuenta que los proyectos políticos se llevan en la piel, y que en la medida que estemos conscientes de que lo político está presente en todas nuestras decisiones, quizás podamos avanzar a nuevos planteamientos y desafíos con mayor claridad.
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