Carmen Espinoza: “Las trabajadoras informales son las más castigadas por la pandemia”

Carmen Espinoza: “Las trabajadoras informales son las más castigadas por la pandemia”

La abogada laboralista entregó un panorama de las condiciones de las trabajadoras en Chile y se refirió a cómo se ha profundizado la precarización laboral de las mujeres en medio de la crisis sanitaria.

Trabajo o teletrabajo, cuidado de lxs hijxs, tareas, compras, aseo, mascotas, subsistencia, incertidumbre por el futuro, miedo a enfermarse, cuarentena, violencia doméstica. La crisis sanitaria provocada por la pandemia de Covid-19 ha agudizado los conflictos que enfrentamos las mujeres todos los días.

En este marco y a propósito de la conmemoración de un nuevo Día de la Mujer Trabajadora, conversamos con Carmen Espinoza, presidenta de la Asociación Gremial de Abogados Laboralistas de Chile (AGAL).

¿Cómo era la situación de las mujeres en el ámbito del trabajo antes de la crisis sanitaria?

 La situación de las mujeres sigue siendo una situación en desmedro. Para que una mujer logre destacar en cualquier lugar de trabajo, tiene que trabajar el doble, tiene que someterse a las reglas masculinas y tiene que enfrentar una permanente descalificación por el solo hecho de ser mujer. Esto ocurre en todos los ámbitos: desde las mujeres que están en los directorios de las grandes empresas, hasta las mujeres que trabajan en servicios de aseo. Igual las mujeres tienen que validarse como trabajadoras. Esto tiene que ver con la cultura, con el poder económico y con el miedo que sienten muchos hombres de que las mujeres puedan destacar de mejor forma en cualquier espacio.

A pesar de que las mujeres están teniendo mayor cantidad de años en estudios formales, siguen siendo menos incorporadas a los cargos de mayor rango y jerarquía y siguen teniendo además un porcentaje importante de diferencia en las remuneraciones.

En el caso de las mujeres que están en las actividades laborales más modestas ganan lo mismo que los hombres porque hay un mínimo establecido. Pero aún en esas situaciones, en muchos casos las situaciones de trabajo, las condiciones de trato, las posibilidades de ascender -en la mínima escala que se puede ascender en ese tipo de actividades- son de preferencia para los hombres.

¿Cómo se ha visto afectada la situación laboral de las mujeres en medio de la pandemia, por ejemplo, con el teletrabajo?

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Están en una situación social y mental de extrema gravedad. Por un lado están teniendo presiones ilegítimas y abusivas de la empresa para que rinda y haga el doble de lo que hacía estando en la empresa; y por otro lado están con los niños, la pareja o el marido, en su casa, recibiendo presiones para que realice las tareas del hogar y resuelva los problemas de sobrevivencia que tienen.

Hay mucha violencia intrafamiliar contra mujeres y niñxs, que por supuesto se ve aumentada cuando la mujer tiene que dedicar tiempo al trabajo: en su casa, sin condiciones, con pocos recursos, con mala tecnología en las comunicaciones. Pero tiene que hacerlo igual porque en la mayoría de los casos es el único ingreso que van a tener.

Según datos de la Fundación Sol, actualmente hay 3,6 millones de personas que trabajan sin ningún tipo de formalidad. ¿Qué pasa con esas mujeres que trabajan informalmente?

Esos 3,6 millones de personas, que son un tercio de la fuerza laboral, no tienen ningún tipo de protección laboral. Respecto de las mujeres por supuesto que hay un número mayor de mujeres que de hombres que tienen contratos informales. Y eso de nuevo tiene que ver con el patriarcado porque las mujeres deben seguir satisfaciendo las necesidades de las familias. Cuando están en pareja tienen que hacerse cargo del soporte de la vida para que esos hombres produzcan, por lo tanto tienen que hacerse cargo de las comidas, del aseo, de lavarles la ropa, incluso de hacerse cargo de situaciones médicas, y por cierto que son las mujeres las que se hacen cargo de lxs hijxs.

Pero además, hay un gran número de mujeres que teniendo hijxs no están emparejadas y por lo tanto se hacen cargo completamente de la vida de sus hijxs y de ellas. Como el hacerse cargo de hijxs sin redes familiares y sociales significa que tiene que cuidarlos físicamente, está mucho más disponible para tareas puntuales, o informales como la venta callejera, como realizar artesanías o manualidades, como producir alimentos y venderlos con sus hijxs a cuestas.

Todo ese sector es el más castigado desde siempre y hoy día por supuesto es el más castigado por la situación de emergencia sanitaria. Son todas aquellas que trabajan en lo que sea, ya sea haciendo pastelitos, vendiendo lo que consiguieron, las que hacen empanadas y las venden afuera del metro, todas esas personas están tratando de hacer lo mismo hoy día y la dificultad es que hay menos público y menos plata, y además, salen con el riesgo de enfermarse y enfermar a su familia y eso también afecta muchísimo emocionalmente a las mujeres.

Ahí es donde entra en juego la economía del cuidado y el rol que tenemos las mujeres en este sentido.

Claro, porque así como los hombres tienen una cultura patriarcal que los hace pensar de una determinada manera, como proveedores, las mujeres hemos tenido una formación por siglos que nos hace responsables del cuidado y que hace que cuando no cuidamos nos sintamos culpables. Nos enseñaron que somos responsables del cuidado de todo: de las personas, de los enfermos, de los niños, de los abuelos, de las plantas, de los animales, del orden de la casa, de todo.

Yo diría que muchas mujeres están viviendo esto con mucho dolor. Y además con la amenaza de trabajar para mantener el empleo que le permite sobrevivir y por otro lado, tiene que cuidarse sin salir de la casa. Y hoy con nuevos mensajes: «Tiene que retornar en forma segura a hacer todas sus actividades», «Tiene que mandar a los niños al colegio», «Tiene que trabajar aunque sea a dos metros de distancia». Eso puede ser fácil en una oficina muy elegante en el barrio alto, en que cada oficina es del porte de una casa completa de una mujer pobre. Pero en los lugares en que trabajan las mujeres no existe esa posibilidad porque las mujeres trabajan hacinadas desde siempre. Las que trabajan elaborando algún tipo de alimento, trabajan en espacios mínimos. Tienen que acomodarse en espacios muy pequeños para atender a miles de personas que van a comprar lo que sea que vendan. Si una piensa en los lugares de elaboración de algún producto, lo mismo, los lugares de ventas, lo mismo. En las empresas donde cada persona tiene su propia oficina hay algunas mujeres pero la mayoría son hombres.

Has señalado que los desafíos de este periodo tienen que ver con potenciar las organizaciones sindicales porque probablemente el futuro laboral vaya a ser aún más complicado que lo que estamos viviendo ahora. ¿Cuálesson los desafíos de las mujeres en ese escenario considerando que la organización sindical parece ser un espacio ocupado principalmente por hombres?

Los sindicatos tradicionalmente han sido lugares en que han participado mujeres y de hecho hay sindicatos donde la mayoría son mujeres, sin embargo, los dirigentes son hombres. En los casos en que en la directiva son mujeres y hay un hombre, el hombre es el presidente.

Aunque esto ha ido cambiando en el último tiempo. Las mujeres jóvenes han ido rompiendo este esquema y de alguna forma se han ido incorporando a las directivas y también se han ido haciendo cargo de los cargos más dirigenciales, más políticos, más públicos, más de negociación directa con la empresa.

manual_ddllEn los casos en que hay mujeres en los sindicatos, las negociaciones colectivas cambian de carácter. Y de ser negociaciones colectivas que solo buscan el bono de término de conflicto, pasan a ser negociaciones colectivas que buscan también el mejoramiento de las condiciones para las mujeres, por ejemplo, en la maternidad.

Por ejemplo, el que existan lugares adecuados para que las mujeres puedan hacer el acopio de la leche durante la lactancia, es algo que a los hombres jamás se les había ocurrido que era necesario. Yo he estado en varias negociaciones y los dueños de las empresas o los gerentes, preguntan para qué necesitan eso si las personas tienen a los niñxs en las salas cunas. Y hay que explicarles gráficamente que cuando los niños están en la sala cuna todo el día y la madre además se traslada dos horas en la mañana y dos horas en la tarde, la lactancia se pone en riesgo porque son demasiadas horas las que están sin extraerse leche.

Otro ejemplo es el que se faciliten las actividades con los niños. Todos, trabajadoras y trabajadores, quisieran tener la posibilidad de acompañar a sus hijxs en algunos actos simbólicos en los colegios.

Si cosas como esas están en la negociación colectiva es una obligación de la empresa. Son cosas mínimas pero cuando las mujeres participan en la organización sindical son capaces de poner esos temas. De poner, por ejemplo, la necesidad del descanso de verdad a mitad del día, y no el comer una sopaipilla caminando. Porque las mujeres son las que luego de la jornada laboral llegan a sus casas y siguen trabajando.

¿Cómo se construye esa fuerza sindical desde el movimiento de mujeres?

Es una tarea ardua. Para eso tiene que haber una posibilidad de que alguien pueda acompañar este proceso con información, con educación, con acompañamiento, con asesoría, con motivación porque se trata de procesos largos. Para que una mujer llegue a convencerse de participar en una organización sindical pueden pasar meses y años. Para convencerse de que puede ser parte de la directiva puede pasar otro año y para convencerse de que puede presidir un sindicato pueden pasar hartos años más. Una manera de apurar un poquito el tranco es entregar herramientas, motivación, validación y seguridad de que su trabajo va a ser un aporte y que va a permitir que otras mujeres puedan tener mejores condiciones de trabajo y otras oportunidades para encontrar una vida buena y una vida feliz.

Yo tengo esperanzas de que las mujeres participen, generen y creen nuevas formas de sindicalismo y que se apropien de la posibilidad de defender los derechos de trabajadoras y trabajadores. Y que le cambien el carácter a la relación tanto colectiva como la relación con la empresa en términos de dignidad y equidad entre trabajadoras y trabajadores. Yo creo que eso es posible y me parece que en esta situación va a ser absolutamente indispensable.

*Las ilustraciones utilizadas en este artículo fueron creadas por Karina Cocq para el Manual para Trabajadoras Textiles en su Domicilio.