Defensoría Feminista: “creemos en la responsabilidad de participar de la curación colectiva y comunitaria”

Defensoría Feminista: “creemos en la responsabilidad de participar de la curación colectiva  y comunitaria”

La Defensoría Feminista nace en 2014 como un área especializada del Círculo Social de Terapeutas de Valparaíso con el fin de dar curación personal y social a mujeres afectadas por la violencia, a través de la consultoría chamánica, psicoterapia, terapias corporales, asesorías jurídicas, conversatorios y talleres. “Laburamos develando conductas de opresión y re-encontrándonos desde la consciencia y la sintonía del amor”.

Desde el estallido social, el accionar principal de la Defensoría Feminista ha estado enfocado en el contexto actual. “Hemos reestructurado nuestros encuentros y prácticas para ofrecer y sostener espacios semanales de curación y contención abiertos a la comunidad. Hemos generado y facilitado instancias de encuentro, reflexión, y curación a través del tambor chamánico, el autocuidado físico y psíquico, que se desarrollan en nuestro espacio y también en distintos lugares del territorio, como sedes vecinales y culturales”, consignan.

Al mismo tiempo, la colectiva ha facilitado espacios de apoyo a un grupo de mujeres y niñxs de territorios en tomas, ya que, comentan, en Valparaíso y sus alrededores recurrentemente surgen incendios y contingencias que se suman al estallido sociopolítico, representando una grave problemática socio ambiental.

Violencia machista que se respira en las calles

El Círculo Social de Terapeutas, espacio del cual la Defensoría Feminista es un área especializada, está situado físicamente en el plan/centro de Valparaíso. Desde allí, advierten que la violencia machista se sigue respirando en las calles, en el cotidiano. “Potencia la violencia que hace siglos venimos viviendo las mujeres, niñxs y disidencias, y queda en un plano relegado, mostrando la precariedad legal que hay desde las instituciones del Estado en relación a la protección y la insuficiencia de los mecanismos establecidos y protocolos de acción ante las violencias que emergen y se manifiestan. Por lo que ha sido aún más importante en estos tiempos, fortalecer redes y tramas autónomas de defensa mutua”, señalan.

La colectiva agrega que junto con lo anterior, mujeres, travestis y personas trans viven un tipo de violencia específica que además es sexual, lo que conlleva un daño en nuestros cuerpos, que se invisibiliza porque todo lo que tenga dicha connotación es censurado y castigado por la cultura patriarcal. “En este contexto, nuestros cuerpos están más expuestos a ese tipo de violencia, la que claramente se encuentra recrudecida por esta extralimitación del pueblo de salir a ocupar las calles y manifestarse por lo que consideramos injusto y hay que cambiar. Esto dado, además, bajo una excesiva y brutal represión con la que han respondido las autoridades regionales ante las legítimas demandas sociales y ante las expresiones del ejercicio del derecho a la protesta social”, sostienen.

El reflejo social del que somos parte en forma individual, hace que se recrudezcan las violencias, añaden, por lo que ellas están ofreciendo círculos de contención, palabra y movimiento corporal y espacios abiertos a la comunidad, dónde han asistido en su mayoría mujeres y disidencias sexuales. También han apoyado a un grupo de mujeres y niñxs de la toma/campamento Violeta Parra: “para nosotras es importante generar espacios con la niñez en paralelo al trabajo con mujeres, ya que en la mayoría de los casos ellas son sus cuidadoras y se restan de actividades  comunitarias y/o terapéuticas, por no contar con redes que colaboren en las labores de cuidado. Al mismo tiempo, el espacio de contención infantil ha servido para poder compartir técnicas de cómo explicar y vincular a la niñez en el tránsito por el cual atraviesa actualmente la comunidad de
la que forman parte”.

Haciendo frente a las violencias

Las integrantes de Defensoría Feminista consideran la violencia como la manifestación de un constructo socio político y económico mediante el cual se intenta someter a mujeres, niñxs y disidencias con el propósito de mantenernos bajo control y en permanente tensión social. Esta visión sobre la violencia conecta con el espíritu, aseveran, por ello, acompañan desde los saberes o herramientas que vinculan con la pertenencia al territorio, a la comunidad. “Que una mujer, persona trans o niñx sepa que existe un espacio donde puede recurrir, hacer un proceso de autoconocimiento, compartir sus saberes, crear otros caminos que vayan construyendo cotidianidades distintas a la impuesta por el sistema, reducida frecuentemente al trabajo y la familia y que somete o excluye directamente, como a las personas trans”, agregan.

Así, las maneras de abordar estas violencias desde su colectiva, son a través de procesos de curación individual, colectiva y social: el autoconocimiento, la reflexión y acción con las propias violencias, partiendo por las que ejercemos con nosotras mismas, en comunidad y con nuestros entornos. “Estos procesos de curación integran las dimensiones del ser, espíritu, cuerpo y mente y su componente fundamental es el ir recomponiendo y remendando tejido social y redes de apoyo mutuo. Creemos en la responsabilidad de participar de la curación colectiva y comunitaria, invitando a integrar la espiritualidad a la vida cotidiana desde una perspectiva feminista y la práctica chamánica”.

En el marco del último 25 de noviembre, Día de Eliminación de la Violencia hacia las Mujeres, y dado el contexto actual, la organización reflexiona en torno a la importancia de evidenciar cómo en la violencia estatal,  la violencia hacia las mujeres y disidencias sigue siendo estructural y sistemática. “La cantidad de denuncias de violaciones y abusos sexuales, demuestran una vez más que no son casos aislados y que se repiten de manera metódica”, dicen, por eso consideran fundamental visibilizarla y poner énfasis en ello: “el cuerpo de las mujeres y corporalidades disidentes siempre ha sido un territorio de abuso en contextos de represión social estatal”.

La agrupación comenta que desde hace años vienen realizando desde la colectiva de arte feminista Lupitas del Sur, organización que también cohabita en el Círculo Social de Terapeutas, intervenciones, ritos y recientemente, caminatas del silencio, en el contexto de las manifestaciones auto convocadas por el movimiento feminista de Valparaíso. Para ellas, es una fecha de conmemoración, de reunirse y ocupar el espacio público, escucharse, visibilizar y recrear con diversas manifestaciones, las resistencias que nacen de reconocerse mujeres y/o disidencias en ésta y tantas épocas de nuestra historia.

“Salir una vez más a la calle, unidas, cómo venimos haciéndolo desde hace años, nos es necesario”, dicen agregando: “saber que hay un entramado social activo y vivo, que viene manifestándose desde el 18 de octubre de este año, y que es posible que seamos más en la calle diciendo basta de muertas y desaparecidas, nos da fuerzas para continuar en las acciones cotidianas de transformación personal y colectiva al servicio de las mujeres, disidencias y de la comunidad de la que formamos parte”.

En dicho contexto, senti piensan que es necesario y fundamental, facilitar individual y colectivamente, la búsqueda de espacios de calma y seguridad dentro de nosotras, para así continuar con este proceso de transformación sociopolítica y económica que estamos atravesando de reactivación del tejido socio territorial.