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Un círculo de confianza contra el muro del odio
22 Agosto, 2025
Notas
Un Circulo de Confianza

Por Meritxell Freixas Martorell para Revista Abismo

Con sus trenzas llenas de polvo, escoba en mano y varios maestros picando las paredes como pájaros carpinteros, la influencer haitiana Sandy Joseph muestra a sus casi 97.000 seguidores de Instagram el comienzo de las remodelaciones al baño y la cocina de la casa de su madre. Con sus ahorros decidió hacer este regalo a su mamá, quien a los 59 compró el inmueble en Chile con un crédito a 20 años. “No crean que fue con subsidio”, recalca la comunicadora en su vídeo. Entre felicitaciones, aplausos y corazones, en los comentarios se leen decenas de mensajes racistas y de odio criticando que “los pobres chilenos” no tienen casa propia y que no les dan créditos bancarios aunque “pasen años ahorrando”. 

–El odio llegó a un nivel que tuve que desactivar los comentarios de la publicación –relata la joven. 

Sandy publica contenido en sus redes desde 2021 detrás del perfil Diosa Haitiana. Integrante de la Red de Mujeres Haitianas en Chile, comenzó de forma anónima denunciando los problemas de su comunidad en el país sudamericano para “visibilizarlos”, dice. Nacida en República Dominicana, pero con la nacionalidad de sus progenitores, quiso “aprovechar el privilegio de hablar el español” para divulgar sobre migración, racismo y violencias.

Sus primeros años de activismo fueron “tan intensos y duros” que su salud mental comenzó a resentirse: “Recibía mucho bullying que me impedía trabajar o relacionarme porque lo que ocurre en el mundo digital también afecta al mundo real, no le es ajeno”, cuenta. 

Si bien no existe un consenso global sobre qué es la violencia digital, se puede definir como aquella que se comete y expande en los medios online, como redes sociales, correo electrónico o aplicaciones de mensajería celular, y que causa daños a la dignidad, integridad o seguridad de las víctimas. 

Según la ONU, el 73% de las mujeres en el mundo han estado expuestas o han experimentado algún tipo de violencia en línea. Las mujeres racializadas (negras, asiáticas, latinas y mestizas), apunta Amnistía Internacional, tienen un 34% más de probabilidades que las blancas de ser mencionadas en contenido abusivo o de carácter nocivo u hostil.

–A la sociedad le molesta ver como nosotros, que no somos lo hegemónico, ni los privilegiados, también podemos lograr cosas –opina Sandy.

Cronica Abismo

Una quincena de mujeres de distintos países de Latinoamérica escuchan con atención su discurso. Son comunicadoras de fondos de financiamiento para organizaciones de la región que asisten a un encuentro en Santiago para conocer nuevos discursos y experiencias de éxito en redes sociales (y fuera de ellas) de la Diosa Haitiana, además de las activistas Lola Quezada, de Salud Trans para Chile, y Patricia Castillo, de la editorial comunitaria afrocentrada kutusoma.

Sentadas en círculo, “emocionadas” e “inspiradas” –admiten las participantes en la ronda de presentaciones– comparten reflexiones en torno a la violencia digital en un momento de escalada de la extrema derecha global. Desde el Fondo Alquimia, organizador de la reunión, Victoria Viñals dinamiza la charla: “La violencia digital no solo afecta a la seguridad e integridad de los cuerpos, sino que también es una amenaza para la democracia porque muchos de los derechos conquistados pueden retroceder”.

De derechos adquiridos en riesgo entienden bien las anfitrionas del espacio donde se celebra el encuentro, uno de los lugares más emblemáticos para el movimiento feminista chileno. La sede del Movimiento Pro-Emancipación de las Mujeres de Chile (Memch) es una casona antigua ubicada en la comuna de Independencia, al confín entre el centro y la periferia metropolitana, símbolo de la lucha de las chilenas por sus derechos políticos y sociales desde los años 30 hasta la actualidad. 

Cronica Abismo

–Desde el Memch surgieron las primeras luchas por el divorcio o la pastilla para la anticoncepción de emergencia. Para todo fue una batalla constante de años –explica a las participantes María Elisa Mateluna, integrante del Movimiento, en el recorrido de bienvenida por la casa. 

El voto femenino y las demandas por los derechos civiles y políticos de las mujeres marcaron la primera etapa de la organización (1935-1953), con feministas históricas al frente como la abogada Elena Caffarena. El segundo período, a partir de los ochenta, la lucha se concentró en acabar con la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). Esta tarde de agosto, mujeres provenientes de México, Colombia, Bolivia, Brasil y Chile hablan sobre retos que, hace 50 años, eran impensados.  

Como una sobremesa entre viejas conocidas, la conversación transcurre en un ambiente seguro y de confianza, entre dulces y café. Las paredes moradas del local, decoradas con fotos de las feministas pioneras y afiches de marchas y campañas de los años 80 y 90, vuelven a arropar a las que hoy pelean contra la violencia, el machismo y el racismo digital, en todas sus facetas y expresiones. 

–Si permites que el Estado vulnere a un grupo de personas, le estás dando la llave para que vulnere a cualquiera –advierte Sandy–. Hoy son migrantes, mañana puedes ser tú.

Dolida por tanto odio virtual, la influencer decidió desaparecer de las redes sociales durante un tiempo y se dedicó a estudiar Derecho. En julio de 2023 volvió a la viralidad “pero de otra manera”, enfocando el contenido en su proceso universitario.

–Los jóvenes migrantes necesitan tener referentes porque en las redes sociales solo hay gente con plata, mostrando sus lujos, pero no se ven, por ejemplo, jóvenes negros estudiando. A las infancias negras no se les permite soñar, la sociedad olvida que sus vidas también son valiosas.

Salir del Nicho 

–Papá, el médico me dijo que soy una mujer trans. 

–¡Oh, no lo puedo creer!

La artista Lola Quezada relata como“estratégicamente” informó a su padre sobre su identidad sexual: “Si yo le hubiese dicho que me autopercibo así me hubiese tratado de otra manera”. Es la misma fórmula que ha aplicado en Salud Trans para Chile, la organización que integra y que busca articular a asociaciones y colegios profesionales del área de la salud, un sector –dice– que los “patologizó” y “marginalizó” durante mucho tiempo.  

Su objetivo es que “la problemática salga de la comunidad”, que traspase el nicho, y sea tomada por profesionales de la salud para que a futuro sea “el propio médico con la cotona blanca” quien responda ante cualquier polémica, como la que en el último tiempo ha enfrentado el Programa de Apoyo a la Identidad de Género (PAIG), que ofrece acompañamiento psicosocial a niñeces y adolescentes cuya identidad de género no coincide con su sexo y nombre registral.

Implementada de forma gradual a partir de 2023, la iniciativa, que surgió como una obligación adquirida de la Ley de Identidad de Género (2019), empezó a ser cuestionada tras la publicación de un polémico informe en Reino Unido que en Chile derivó en acusaciones, por parte de sectores conservadores, de promover la hormonoterapia en menores. La controversia escaló hasta que la Cámara de Diputadas y Diputados recomendó “suspender” su ejecución e incluso fue criticado en medios de comunicación y redes sociales por personas que en algún momento pertenecieron a la propia comunidad trans.  

Un estudio de la Subsecretaria de Prevención del Delito evidenció que el 89% de personas LGBTIQ+ ha vivido algún episodio de discriminación, pero es el acoso cibernético el más recurrente entre la población encuestada (38%).

Otra pieza clave de la estrategia es, según Lola Quezada, plantear la cuestión como “un problema de salud pública, olvidando el discurso de lo trans” y desde la lógica de un derecho humano. 

–Es más simple de lo que la gente cree: olviden el género o el pronombre y pregunten quién es y cómo quieren que le llamen, tal como harían con cualquier otra persona.

Desde Kutusoma, que significa leernos en swahili, Patricia Castillo reclama “que nadie narre nuestras historias”, sino que los relatos se cuenten desde la voz de la propia comunidad negra y afrodescendiente. Además, la activista colombiana, que hace 14 años que vive en Chile, retoma un tema controvertido y preocupante para las participantes: ¿Qué hacer cuando la violencia digital llega desde dentro del propio colectivo? ¿Qué hacer cuando desde la propia comunidad no se comparten “los mínimos” de un proyecto político?

Cronica Abismo

Recuerda que a su organización han llegado personas negras con tendencias políticas y religiosas opuestas a sus valores y creencias, “personas homofóbicas que han difundido mensajes de odio” –precisa–, pero lograron detectarlo y fueron apartadas. 

– No compartimos los valores y creencias de las personas solamente por ser personas negras y afros, porque también hay mujeres negras fascistas y antiderechos. La apuesta de este año es salirnos de este esencialismo negro, no queremos caer en eso.

Un mensaje esperanzador

Los muros de las redes sociales cada vez más se llenan de contenido elaborado por la juventud, que ve en el mundo digital una oportunidad laboral o para el entretenimiento. Este crecimiento incluye a influencers racializadas, lo que permite, según Sandy Joseph, que las infancias tengan referentes y que las redes se diversifiquen.

–A pesar de que soy migrante, muchos jóvenes chilenos se identifican con mi contenido porque se sienten reflejados en mí y eso humaniza un poco la vida migrante.

La Diosa Haitiana considera “muy esperanzador” ver en una red social que “alguien parecido a ti puede tener una vida” y eso es lo que intenta transmitir: “Siento que el mensaje ha llegado y logré el objetivo de ser un referente”. 

La tarde de reflexión se sella con una mirada alentadora que incluso deja espacio para un toque de humor cuando, entre murmullos y chismes, asoma la polémica que hace unos meses hizo arder las redes por el tradicional tostador de pan chileno que una empresa bautizó como tostador de arepas. 

Cronica Abismo

–Se desató una campaña digital antiinmigrante muy fuerte por llamarlo así –recuerda una de las comunicadoras locales.

En medio del barullo, una de las dirigentes del Memch busca en la casa morada el cuestionado objeto para exhibirlo, como un cachureo intrascendente, a las presentes, que imaginan –desconcertadas– el extremo al que llegó una discusión que consideran un sinsentido.

–Además de quitarles las casas y las becas, ahora también les quitamos el tostador de pan –bromea Sandy. 

Los últimos momentos son para la foto final, una imagen que, cuando regresen a sus labores, les recuerde a todas la importancia de sentarse a pensar juntas, mirándose, escuchándose, sin filtros ni pantallas. Porque como resonó varias veces en ese círculo de confianza, resistir en lo digital significa también defender la vida en lo real.  

Cronica Abismo

Ilustración: Mara Parra

Fotografías: Jorge López Orozco 

Revista Abismo